Mis años más uruguayos en China, y alguna reflexión sobre España

Es con doble alegría -usando una expresión china- que veo que se anuncia oficialmente la próxima apertura en la ciudad de Chongqing de un nuevo consulado de la República Oriental del Uruguay.

Con doble alegría, porque soy uruguayo y porque he estado relacionado durante casi medio siglo a ese verdadero Oriente que es China, habiendo vivido desde joven las sombras y luces en las relaciones entre «mis dos Orientes»

Por suerte, atrás quedaron los años en que la librería de mi padre en Montevideo, Nativa Libros, sufrió dos atentados terroristas por dedicarse a la distribución de publicaciones chinas.

Mientras me quede memoria, recordaré siempre los diez años -a partir de 1975- en los cuales, junto a mis padres y mi hermana Laura, fuimos los únicos residentes uruguayos en el país más poblado del mundo.

En 1985 tuvimos la suerte de ver la llegada a Beijing de las primeras delegaciones oficiales uruguayas -tras el fin de la dictadura militar en mi país- entre ellas la de seis senadores de las tres principales fuerzas políticas, entre los que recuerdo a Juan Raul Ferreira, Reinalgo Gargano y Luis Hierro López. El día que fueron a nuestro apartamento en el Hotel de la Amistad, un invernal mes de noviembre, entre ellos y nuestra familia llegamos a ser diez uruguayos bajo un mismo techo, creo que el núcleo más grande de orientales en China durante décadas.

El establecimiento de relaciones diplomáticas se hizo esperar y éste tuvo lugar recién el 3 de febrero de 1988, cuando, con excepción de Paraguay, todos los países de América del Sur ya reconocían a la República Popular.

La llegada del Embajador Guillermo Valles, excelente diplomático y mejor persona, nos ayudó a mi hermana y a mí -mis padres ya habían regresado a Montevideo- a «volver a la semilla» y tuvimos el gran honor de formar parte del pequeño grupo de personas que por primera vez en la historia izó la bandera uruguaya en el territorio de la República Popular.

Ya han pasado más de treinta años desde entonces, y el nivel que han alcanzado las relaciones entre dos de los países más alejados geográficamente en la Tierra, ha alcanzado cotas que de lejos superan aspectos como el hecho de que Uruguay sea el país más pequeño de América del Sur después de Surinam, y tenga una población menor que la de un barrio de Beijing.

Desde el punto de vista político las relaciones no podrían ser mejores, con contactos periódicos al más alto nivel. En lo económico, en lugar de citar aburridas cifras, prefiero concentrarme en conceptos, como que desde el año 2012 China es el principal socio comercial del Uruguay, y que desde el 2017 la balanza comercial es favorable a nuestro país. Aparte de ser el principal mercado para la carne uruguaya, son cada vez más los productos uruguayos que se exportan al país asiático.

Dicho esto, y reconociendo la importancia de las relaciones políticas y comerciales, creo que es necesario destacar todas las actividades culturales que, en especial en estos dos últimos años, está realizando Uruguay en China. Exposiciones -como la de «El Uruguay Guaraní» en el Museo de Bellas Artes y muchas más de artistas uruguayos-, conciertos de música -desde el candombe hasta el tango, donde «competimos» amistosamente con Argentina-, organización de «Semanas de Uruguay» en diferentes ciudades del país asiático, promoción de la gastronomía, los vinos y el turismo y un largo etcétera que incluye intercambios y colaboración científica en temas relacionados con la agricultura y ganadería.

Y si los chinos inventaron «la diplomacia del ping-pong», Uruguay ha utilizado con inteligencia «la diplomacia del fútbol», lo cual ha permitido que el nombre de «Wulagui» sea cada vez más conocido en un país donde el fútbol es una pasión, tanto para el Presidente Xi Jinping como para el ciudadano de la calle.

De la misma manera, la parte china ha sido muy activa para promover las relaciones bilaterales en todos los aspectos, no sólo en lo político y comercial. Uno de los gestos para mí más destacados ha sido la donación que la República Popular realizó para la construcción de una escuela pública en nuestro país. También son decenas los uruguayos estudiando en China, país que inauguró en Montevideo un Instituto Confucio.

Distinguidos integrantes de la Academia de Estudios de América Latina, dependiente de la Academia de Ciencias Sociales de China, así como profesores e intérpretes, han permitido que el número de autores y obras de escritores uruguayos en chino sea cada vez mayor.

Gracias al Embajador Fernando Lugris, unos dos años atrás volví a pisar «territorio uruguayo» en nuestra Embajada en China después de muchas décadas, y pude conocer a su excelente grupo de colaboradores, que en Beijing, Shanghai, Guangzhou, con una gran profesionalidad trabajan para el desarrollo de las relaciones bilaterales, la promoción de Uruguay en China, y el apoyo a una colonia cada vez más grande distribuida por gran parte del país.

El 2018 fue un año cargado de actividades de todo tipo con motivo de los XXX años del establecimiento de relaciones diplomáticas; y éste no se ha quedado atrás, recordando los 60 años de la primera visita de una delegación parlamentaria a China.

El contacto con la Embajada y con tantos compatriotas, la participación en algunas de las actividades realizadas, han hecho que estos últimos más de dos años hayan sido los «más uruguayos» en mi historia personal en China.

Debido a mi vida profesional y personal, mis relaciones con España son muy fuertes, y tengo un gran cariño por el país y su gente. Me he dedicado mucho tiempo a la promoción comercial de España y sus empresas en China, y dicho esto con todo cariño y respeto, me gustaría poner el ejemplo de Uruguay para rebatir, como lo llevo haciendo públicamente desde hace muchos años, algunos tópicos que se mencionan cuando se habla de las relaciones hispano-chinas.

En primer lugar, se dice con frecuencia que «España llegó tarde» a China y por eso las relaciones «no han alcanzado el nivel que deberían tener». Pues bien, Uruguay llegó quince años más tarde que España, y fue el último país sudamericano -con excepción de Paraguay- en establecer relaciones con la República Popular, y sin embargo, ya he comentado el envidiable nivel alcanzado en las relaciones bilaterales.

También se pone como excusa en España el tema de la distancia y, hasta hace poco, la falta de vuelos directos con el país asiático, factores éstos que serían una traba para el incremento de las relaciones. Pues bien, el Embajador de la R.P. China en Uruguay, Wang Gang, recuerda esta misma semana en el China Daily que Montevideo es la capital más lejana de Beijing en el mundo. Y obviamente no existen vuelos directos entre ambos países.

Otra de las excusas sería la dificultad del idioma, pero no creo que los uruguayos tengamos más facilidad para hablar chino que nuestros amigos españoles.

Por último, se repite desde hace años la famosa «teoría de la triangulación» según la cual China y sus empresas deberían pasar por España para acercarse a América Latina. La práctica, no sólo en el caso de Uruguay, indica desde hace tiempo que esa teoría no es válida.

El Embajador Wang Gang hace en su artículo una interesante reflexión que consiste en comparar el monto del comercio exterior per capita de Uruguay con China, y destaca que con este criterio nuestra República Oriental estaría por encima de países como Argentina o México.

Utilizando el mismo criterio, y teniendo en cuenta que las exportaciones españolas a China superaron los 6.000 millones de Euros en el 2018, y las uruguayas los 2.000 millones, estaríamos muy por encima de España.

Como no soy economista no sé si este criterio es válido o no, pero creo que sí puede reflejar claramente la importancia de China en el comercio exterior de Uruguay, en comparación con países como los citados por el Embajador Wang Gang, o con España.

La apertura del Consulado de Uruguay en Chongqing -una de las cuatro Municipalidades directamente subordinadas el Gobierno central- y que cubrirá, aparte de la Municipalidad, las provincias de Sichuan, Yunnan, Shaanxi , Ningxia y Gansu, estoy seguro que no hará más que incrementar y mejorar las ya excelentes relaciones bilaterales.

Deseo y estoy seguro de ello, que en los meses y años futuros seguiré viviendo más buenos «momentos uruguayos» en China.

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