Una reflexión sobre lo que está pasando en Hong Kong

No es ninguna novedad que lo que en estos momentos está teniendo lugar en Hong Kong es el reto más grave e importante al que tiene que enfrentarse el Presidente Xi Jinping, el Partido Comunista y el Gobierno, en vísperas además del 70º aniversario de la fundación de la República Popula China.

Uno de los aspectos más importantes, en mi opinión, es la influencia que está teniendo y tendrá en el futuro de Taiwán.

Pasajeros atrapados en el aeropuerto de Hong Kong ocupado por los manifestantes. Fuente: Chinanews.com

En todo caso, es un asunto muy complicado, cuyo análisis dejo a los expertos, que hasta ahora en su mayor parte se han mantenido callados en este tema, no sé si debido a las vacaciones veraniegas o a otras razones. En todo caso, estoy deseando escuchar los análisis y sobretodo los pronósticos de dichos expertos y sinólogos.
Al igual que ocurrió durante los incidentes de la Plaza de Tian’anmen en 1989 en Beijing, es muy fácil, pero en mi modesta opinión, erróneo, simplificar las cosas -«jóvenes se manifiestan por la libertad y la democracia»-. Eso no fue así en la capital china hace ahora más de treinta años y, creo -insisto en lo de «creo», no lo afirmo- que tampoco es el caso de lo que pasa en Hong Kong.
Mi reflexión de hoy es sobre un tema muy concreto: las «características particulares» de esas manifestaciones.

Uno que ya tiene sus años y que fue joven, participó en el Montevideo de los años 70 en manifestaciones de estudiantes; respiró gases lacrimógemos, fue empapado por el agua de los coches que llamábamos «guanacos»; corrió como loco para eludir a la policía y tuvo la desgracia de ser testigo directo de estudiantes muertos (ejemplo Heber Nieto, aunque no lo conozcan), por disparos de armas de fuego de la policía. Y eso en un país teóricamente «democrático», antes del golpe de Estado de Julio de 1973.

En Buenos Aires, desde un balcón del Hotel Chacabuco, en la Avenida de Mayo, fui testigo de muchas manifestaciones peronistas, con sus bombos (los argentinos me entenderán).

En España también fui muchas veces testigo directo, y en otras por la Televisión, de manifestaciones de todo tipo, lo mismo que por la TV he visto la de los chalecos amarillos en Francia, y las que tienen lugar cuando se reúne el G-20 u otros organismos.

He visto, incluso en manifestaciones relacionadas con el fútbol, en Uruguay o en España, quema de contenedores, vidrieras apedreadas, etc.

Dicho esto, confieso que lo que estoy viendo en la Televisión sobre lo que pasa en Hong Kong desde hace semanas me tiene un poco «descolocado»; si la memoria no me falla no recuerdo otros movimientos con estas características tan «particulares».

He visto a manifestantes con la bandera de los EE.UU., lo cual reconozco que me produjo asco, y pido perdón por la expresión. Si tanto quieren a los EE.UU. animo a esos manifestantes a que emigren al país de un Donald Trump que cada vez se parece más a la Alemania nazi.

Los enfrentamientos con la policía en este tipo de manifestaciones es algo «normal», por calificarlo de una manera. El gran problema de los manifestantes de Hong Kong, en mi modesta opinión, es que se enfrentan con violencia y abiertamente no solo a aquellos que no están a su favor, sino incluso lo hacen con gente que no tiene ninguna relación con el tema, y por eso para mí son tan especiales.

He visto imágenes donde paran a los metros y sacan o intentan sacar por la fuerza a los pasajeros; estoy viendo hoy imágenes de cómo atacan a los taxistas que han decidido poner la bandera de China en sus vehículos. He visto como paralizaban el Aeropuerto de Hong Kong, impidiendo por la fuerza el movimiento de los pasajeros, dejando a madres con bebés tiradas en el suelo sin saber qué hacer. En ese mismo Aeropuerto ví las imágenes de cómo ataban y golpeaban a un periodista del Global Times, órgano oficial de la China continental. También vi cómo trataban de impedir -uno de ellos con una bandera de los EE.UU.- el trabajo de los sanitarios y servicios de emergencia. 

Es interesante porque cuando comenzaron las manifestaciones se ven imágenes, muy elogiadas en el mundo, de cómo los manifestantes se abrían y dejaban paso a las ambulancias o servicios de emergencia y recogían la basura de las calles.
Ahora hace tiempo que parece que eso ya no es así. Hablar de «guerra civil» sería muy exagerado. Pero creo que ya no nos estamos refiriendo a manifestaciones de jóvenes (en su mayoría parece que lo son, no lo sé) que se enfrentan a la policía, sino de una violencia generalizada y en aumento en la sociedad, que puede terminar muy mal.

He dudado mucho antes de escribir esto, porque yo no estoy en el terreno, y he criticado más de una vez las crónicas que se hacen a miles de kilómetros de distancia del lugar de los hechos. Pero bueno, esto no es una crónica periodística. Son simplemente reflexiones sobre lo que veo por la televisión ; y tengo la ventaja de poder ver y leer, creo, las diferentes versiones que hay sobre este tema.

Por eso no quiero extenderme mucho. Como critico a aquellos que tienen la sabiduría de hablar sobre lo que piensan los chinos -sin saber hablar el idioma ellos mismos- , no quiero, desde Madrid, hacer lo mismo sobre una sociedad sobre la cual sé muy poco, y lo reconozco sin pudor.

Cuando era colonia británica, viajaba con relativa frecuencia a Hong Kong (era la válvula de escape para los extranjeros que vivíamos en la China Continental, y un paraíso de consumo en unos años en los cuales en Beijing no podíamos comprar ni un desodorante). Después de 1997, también he vuelto a hacerlo, pero en menos oportunidades. Nunca -ni antes ni después- me ha gustado esa sociedad que vive las 24 horas del día para los negocios, en cierto modo algo racista, y, que me perdonen los ingleses, con un poco de soberbia británica.

Pero bueno, lo que yo piense sobre Hong Kong no tiene importancia. Lo importante ahora es ver cómo apagan ese incendio, detrás del cual -sería ingenuo dudarlo- está la mano de Estados Unidos y de un Reino Unido que en cien años de colonización fue incapaz de establecer un sistema «democrático» al estilo Europeo, y ahora sí lo «exige».

@PabloRovetta

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