Detrás de la asunción del nuevo Emperador de Japón, nieto de uno de los principales criminales de la II Guerra Mundial

¿Que pensarían en Europa si, en el caso de que Hitler y Mussolini no hubiesen muerto al final de la II Guerra Mundial éstos no hubiesen sido condenados, y sus descendientes siguieran al frente de Alemania e Italia?

 
Pues esto es lo que ha pasado y está pasando en el Japón actual. La prensa mundial resalta como un gran acontecimiento social la abdicación hoy del Emperador Akihito, hijo de Hirohito, en favor de su hijo Naruhito, destacando en muchos casos los detalles anecdóticos y con casi ninguna alusión a su abuelo, responsable del Pacto Tripartito Berlín-Roma-Tokio de 1940, que «otorgaba» Asia a los japoneses.
 

Lamentablemente, ya me gustaría, no soy historiador, y baso mis conclusiones en cosas que he leído y visto a lo largo de mis sesenta años. Con excepción del ataque japonés a Pear Harbor en 1941, que obligó a Estados Unidos a entrar en la guerra, y los ataques con bombas atómicas a Hiroshima y Nagasaki, el «protagonismo» de la II Guerra Mundial en los textos de enseñanza, libros de historia en general y hasta películas, se lo llevan la Alemania Nazi y los EE.UU.
 
Emperador Hirohito (foto de Wikipedia)

En la práctica, el Japón del Emperador Hirohito se había anexionado ya Corea a principios del siglo XX; en 1937 lanza una ofensiva para conquistar toda China que tiene como uno de sus acontecimientos principales la tremenda matanza de Nanjing ese mismo año. Incluso hay documentos oficiales japoneses que hablan de que Hirohito habría aprobado el uso en China de armas químicas.
 
Japón, aparte de a China y Corea, invadió Birmania y prácticamente todos los países del sudeste asiático a partir de 1941, Tailandia, Filipinas, Malasia, Singapur o Indonesia.
 
Tras el final de la guerra en 1945, y el lanzamiento de las bombas atómicas, Hirohito se rinde, pero con la protección de los Estados Unidos logra inmunidad y no es acusado en ningún tribunal y así sigue su vida como Emperador hasta su muerte en 1989.
 
En casi toda Asia existen sentimientos muy contrarios a Japón, en especial porque -a diferencia de la Alemania post-nazi- no ha llegado a pedir perdón oficial por sus crímenes -incluído el caso de las esclavas sexuales coreanas-  y todos los años, miembros de su gobierno visitan santuarios donde están enterrados condenados de guerra.
 
Soy de los que consideran que las nuevas generaciones no son «culpables» de lo que hicieron sus antepasados. Eso lo podemos aplicar a la Alemania, la Italia o el mismo Japón de hoy.
 
Al mismo tiempo hay un elemento para mí fundamental y es la memoria histórica. 
 
El nuevo Emperador Naruhito no puede ser acusado de la responsabilidad y los crímenes de su abuelo Hirohito. Sin embargo sí creo que los antecedentes históricos tienen que ser recordados. Lo mismo que se recuerda la historia de políticos, artistas o hasta jugadores de fútbol.
 
¿No se habría titulado hoy, en caso de ser verdad, «Nieto de Hitler asume el poder en Alemania»?
 
Y en el caso particular de Europa sería saludable, en mi opinión, que sus ciudadanos conocieran con todos los detalles las atrocidades cometidas por Japón contra millones de ciudadanos asiáticos. 
 
Es una «norma» que desde el punto de vista periodístico en el mundo «desarrollado» en general, la vida de los asiáticos pobres, africanos o latinoamericanos «no vale» lo mismo, «no vende» lo mismo. Y por eso una tormenta de frío de Chicago, por ejemplo, «vende» más que las grandes desgracias naturales que tienen lugar en Asia, o la hambruna de África.
 
En todo caso, dicen que Japón empieza una «nueva era»; ojalá sea lo mejor posible para el país, sus ciudadanos o toda Asía, pero por lo que estoy viendo, no puedo ser muy optimista.
 
@PabloRovetta

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