Reacciones a "La gran reacción contra China"

Semanas atrás, mi última entrada en estas reflexiones se llamó Una vez más en defensa de China, donde empezaba indicando que Plagiando al «Manifiesto Comunista», podría decir ahora que «un fantasma recorre el Occidente: el fantasma de China. Todas las potencias de la vieja Europa y Occidente se han unido en una Santa Alianza para acorralar a este fantasma».


El 11 de Abril, el prestigioso economista Enrique Fanjul, profesional del Comercio Exterior y Vice Presidente de Cátedra China publica en el blog del Real Instituto Elcano un artículo, en esa línea, titulado La Gran Reacción contra China 





Y digo «en esa línea», ya que el artículo toma partido de forma abierta y directa en favor de esa corriente o «reacción» contra China, repitiendo los mismos argumentos que se escuchan o leen todos los días. Y por supuesto tiene todo el derecho a hacerlo.

No tengo por costumbre comentar públicamente los artículos de los medios españoles sobre temas de China, y mucho menos cuando son escritos por personas conocidas. En este caso voy a hacer una excepción, ya que éste en concreto habla de temas a los que me refería en mi citada entrada. Y además, porque comentarios míos fueron en su momento tergiversados, como cuando critiqué la traducción al chino del Resumen Ejecutivo del último Informe de Elcano sobre China.


No es mi intención polemizar con tan prestigiosas personalidades e instituciones, sin ser más que un simple seguidor de los temas de China desde hace cuatro décadas y sin pretender que la verdad esté de mi lado.

El artículo de Enrique Fanjul hace un repaso de algunas de las medidas tomadas por parte de Occidente debido a los «crecientes sentimientos de recelo y desconfianza hacia China».  Los ejemplos que pone son correctos. Sin embargo no hace ninguna mención a casos contrarios como por ejemplo a las excelentes relaciones en el llamado Grupo «16 + 1»  formado por 16 países de Europa Central y Oriental (once de ellos integrantes de la U.E.)  más China, reunido recientemente con la asistencia del Primer Ministro Li Keqiang en Croacia. 

Tampoco se menciona el apoyo logrado por China para su proyecto de la nueva Ruta de la Seda, por parte de Italia -el primer país del G7 que lo hace- o de Portugal; ya por no hablar de la posición favorable a estrechar las relaciones con China que existen en varios países latinoamericanos y africanos.

Una de las claves de ese recelo y desconfianza, en mi modesta opinión, es que China y sus empresas son cada vez más fuertes y por eso la Unión Europa saca una resolución donde considera al país asiático un «competidor» y un «rival». Esa es la cruda realidad. A medida que la República Popular y sus empresas se hacen cada vez más fuertes, mayor es el recelo y la desconfianza de algunos países que ven amenazados sus intereses.

El pasado 19 de diciembre, el diario El País de España titulaba «44.000 millones europeos para frenar a China en África» El titular resume claramente la situación. Europa no destina 44.000 millones de Euros para luchar contra el hambre, la pobreza y el subdesarrollo de África, sino «para frenar a China». A buen entendedor….

El artículo insiste en otro punto que en realidad son los mismos que repite una parte importante de la prensa internacional: el tema de «una política exterior moderada y de perfil bajo». Claro, eso es lo que proponía Deng Xiaoping en los años ochenta y noventa; pero estamos en el 2019 y China es ya la segunda economía del mundo, y una potencia en muchos aspectos. Obviamente eso no le gusta a parte de Occidente que preferiría ese perfil bajo de hace ya varias décadas.

Siguiendo con los argumentos, se indica que Se confiaba en que el país evolucionaría paulatinamente hacia un sistema político de mayores libertades.  ¿No será que quienes confiaban en eso se equivocaron?  ¿El Gobierno chino llegó a pronunciarse oficialmente al respecto?  Las supuestas «mayores libertades» que esperaba Occidente, ¿son las mismas que aplican muchos de sus países amigos y aliados? ¿No es verdad que a China se le exigen cosas que se permiten a otros países?

El artículo llega a la conclusión de que un factor clave de esto es «el carácter autoritario de su régimen político» (sic) …. y da una serie de ejemplos para demostrarlo. Me gustaría recordar que ya a principios de 1979, estando Deng Xiaoping en el poder, se detuvo y condenó a Wei Jingshen; o que Liu Xiaobo fue detenido en el año 2008. Todos saben que el actual Secretario del Partido, Xi Jinping, no estaba en el poder en esos años. No entiendo entonces el asombro por cosas que están ocurriendo en la actualidad.

Para no extenderme mucho quisiera terminar refiriéndome al argumento de que China no respeta las normas internacionales y se pone como ejemplo el caso de una sentencia de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya sobre un litigio con Filipinas.

No soy un experto en derecho internacional, pero sí sé que por lo menos existen más de diez países que no han aceptado resoluciones del Tribunal de la Haya: EE.UU., Francia, Argentina, Islandia, Rumanía, Malasia, Guinea-Bissau, Israel, Colombia …. y España en el caso de Kosovo.
Los interesados en los casos concretos pueden ver como referencia Los diez países que desafiaron las sentencias de la Corte de La Haya aunque aclaro que es un documento del 2014 no actualizado.

En el caso de normas internacionales me limito a esto porque podría poner como ejemplo todas las resoluciones de las Naciones Unidas no cumplidas por Israel, en el caso de Palestina, o por Estados Unidos, en el caso del bloqueo a Cuba.

El artículo termina con un llamamiento a que la Unión Europea adopte una política común en relación a China, lo mismo que pidió públicamente el Presidente del Gobierno español mientras Italia firmaba con el país asiático su adhesión a la Ruta de la Seda. Me temo que ya es un poco tarde.

En definitiva y como resumen: parte de Occidente está preocupado, en el fondo, por la competencia de China y sus empresas; critica acciones como las que empleó Europa con el país asiático en los años ochenta y noventa (por ejemplo la financiación blanda de proyectos); pide una reciprocidad que no existe ni en la misma Unión Europea; los derechos humanos son un arma política que Occidente aplica donde y cuando quiere y le interesa, y como los tres monos, no escucha, no ve, no habla si se trata de otros países. 

China no es un país perfecto (¿acaso existen?); ha atravesado, está atravesando y atravesará muchas dificultades en su camino de desarrollo; como siempre lo ha hecho, fijará su política interna y exterior en base a sus propios intereses y no a lo que le exijan otros que no tienen ni la autoridad moral para hacerlo. 

Y si uno compara la China de hoy con la de hace cuarenta años no podrá negar los grandes avances alcanzados en todos los aspectos, incluidos la calidad de vida de su población y sus libertades personales.

El enfrentamiento con China no es una buena receta, como lo ha demostrado la historia. La clave está en llegar a acuerdos favorables a ambas partes, donde todos tendrán que negociar duramente y hacer concesiones. Pero para eso hay que dejar de mirar a China con lentes europeos, terminar con la sinofobia y ser conscientes de la realidad. Mientras tanto, el chino como idioma se seguirá estudiando cada vez más, por más trabas que pongan a los Institutos Confucios. 

Ojalá que en España se estudie más el chino, se intente comprender mejor a este país e interesarse por sus cosas. Quizás así en la próxima visita oficial, no le harán decir al Jefe del Estado «Presidente Jinping» para referirse a Xi Jinping y el Real Instituto Elcano podrá publicar sin errores garrafales textos sencillos de menos de dos páginas.

@PabloRovetta

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