40 años de reformas y apertura al exterior – Cómo fracasaron todos los pronósticos pesimistas

Aunque en su momento no se hizo público, un día como hoy de hace cuarenta años comenzaba en Beijing una reunión secreta del Comité Central del Partido Comunista de China, de importancia histórica para el país y, como luego se vio, para el mundo entero.

Nos estamos refiriendo a la famosa IIIª Sesión Plenaria del XI Comité Central que fijó las bases de la llamada política de «reformas» y «apertura» -si bien esos términos se empezaron a emplear años más tarde- en el país más poblado de la tierra y cuyos resultados son por todos conocidos o pueden serlo leyendo estos días cualquier fuente de información.





En realidad yo ya estaba en China tres años antes de la celebración de la reunión, y lo que sí puedo afirmar es que prácticamente desde medio año después de mi llegada hasta el día de hoy he escuchado y leído todo tipo de análisis y pronósticos pesimistas y negativos sobre la situación y el futuro del país, de los cuales no se ha cumplido ni uno solo.

No pretendo hacer un repaso de la historia china de los últimos más de cuarenta y tres años, pero sí hay algunas fechas y acontecimientos que vale la pena recordar.

Podemos empezar el 8 de enero de 1976 con la muerte del Primer Ministro Zhou Enlai, que desató una lucha interna por su sucesión y al final fue sustituido por un Hua Guofeng que no figuraba en las quinielas de ningún observador de China.

A los pocos meses tienen lugar incidentes violentos en la Plaza de Tian´anmen que originan, una vez más, la caída de Deng Xiaoping y un agravamiento de la situación política.

La muerte de Mao el 9 de septiembre, siempre de 1976, generó también todo tipo de especulaciones, y la caída de la llamada «Banda de los Cuatro» pasado un mes, desató rumores sobre una posible guerra civil.

A partir de entonces, han sido constantes los análisis y previsiones pesimistas y negativas sobre la situación política y económica de China. La reforma de las empresas estatales y de los contratos laborales y de la seguridad social o la situación del sistema bancario, fueron siempre por ejemplo argumentos para predecir catástrofes económicas. 

Los incidentes de junio de 1989 en la Plaza de Tian´anmen, la caída del Muro de Berlín en Noviembre, o meses más tarde la disolución de la URSS, generaron pronósticos de guerra civil o incluso una desintegración del país en varios Estados.

Años más tarde nos encontramos con la crisis financiera del sudeste asiático en 1997 o la grave situación causada por la mal llamada pero conocida como «gripe asiática» (o SARS en sus siglas en inglés) en el 2003,  

Podríamos seguir poniendo ejemplos. Allí están las hemerotecas para aquellos interesados en este tema, que son más jóvenes o aquellos que han perdido la memoria.

No sé cuántas veces he escuchado y leído en estos cuarenta años sobre los retrocesos de las reformas económicas, sobre cómo no se podrán conseguir los objetivos planteados, sobre cómo China ya no crece como antes -algo que sin ser economista pero con un poco de lógica matemática tendría una respuesta fácil-.

Hoy, cuando se cumplen cuatro décadas del comienzo de esa reunión clave que cambió el rumbo de China, mirando lo que es el país y el camino recorrido, podemos decir que a pesar de todas las dificultades económicas y políticas, internas y externas, el balance no puede ser más positivo -a pesar de los profundos problemas que aún existen- sobretodo si lo comparamos con otros procesos en el mundo y, en especial, si tenemos en cuenta que todo esto ha tenido y tiene lugar en el país más poblado del planeta.

Como bien ha dicho el Presidente Xi Jinping esta mañana en «China no ha dejado de mejorar el bienestar de su pueblo en los últimos cuarenta años».

¿Quiere decir esto que el camino ha sido fácil, que las autoridades no tuvieron que hacer frente a infinidad de problemas políticos y económicos, internos y externos? Por supuesto que no, pero lo que sí han demostrado es una envidiable capacidad de gestión, fortaleza y habilidad para resolver esos problemas.

Es más, los problemas y dificultades, no sólo continuarán sino que en algunos casos serán más graves, y el país deberá enfrentarse a nuevos retos. 

Mientras tanto, seguiremos leyendo y escuchando todo tipo de pronósticos negativos, de predicciones pesimistas sobre los problemas que deberá resolver, sobre las polémicas internas en torno al actual líder Xi Jinping. Y a todo esto, debemos agregar un elemento nuevo: la «amenaza» y el «peligro» de China. 

He leído muchísimas cifras y estadísticas en la prensa occidental sobre estos últimos cuarenta años, pero casi nada sobre cómo vive ahora un ciudadano chino, que, sólo por poner un ejemplo, puede viajar libremente por el mundo, estudiar o trabajar en el extranjero, y en la mayor parte de los casos regresa a vivir en su país. Supongo que por algo será.

¿Quiere decir esto que China es el país perfecto, que no tiene defectos y problemas? No. ¿Quiere decir esto que me guste y esté de acuerdo con todo lo que ha ocurrido y está pasando en China? No.

Pero, ante tantas críticas, ante tantos pronósticos y análisis pesimistas y negativos, prefiero destacar lo positivo, que no es poco, en especial si miramos cómo está el mundo en estos momentos: las muertes en el mar por los problemas de migración, el hambre y las inhumanas condiciones de vida de cientos de millones de habitantes, los muros que se levantan, el retroceso de Europa Occidental en materia de derechos humanos y libertades, la represión y el empeoramiento de las condiciones de vida en países auto-llamados «progresistas» en nuestra América Latina, que no dudan en disparar contra sus pueblos (léase Nicaragua o Venezuela) y un largo etc.

China tiene, como todos los países, cosas criticables, pero Occidente -en especial Estados Unidos y Europa- no tienen la autoridad moral para hacerlo. 

Veremos, a esta altura de la vida no me quedan muchos años, si alguna vez los «expertos»  aciertan y China cae en el caos de los problemas políticos y económicos. Sinceramente no lo creo, y si de verdad eso ocurriese, aparte de ser una desgracia para el pueblo chino, ahí sí que el mundo temblaría de verdad.

@PabloRovetta

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